Mayo mes dedicado a María  

MES
DE LAS
FLORES

 

EXPLICACIÓN. —Por mucho que honremos a la Santísima Virgen, nunca podremos honrarla tanto como Dios lo hizo al escogerla por Madre suya.

Bien sabemos todos que Ella no es diosa; por eso no la adoramos, sino que seguros de que todas las grandezas sublimes de María son dones con que Dios la adornó para su propia gloria y nuestro bien, nos desvivimos en tributarla alabanzas, porque es el mejor modo de honrar a Dios ya que “mientras se honra a la Madre —como dice el concilio Vaticano 1 66— el Hijo, por razón del cual son todas las cosas y en quien tuvo a bien el Padre que morase toda la plenitud, será mejor conocido, será amado, será glorificado y serán cumplidos sus mandamientos”.

 

María es la Madre de Dios; aunque Madre es siempre Virgen, y porque Dios la escogió por Madre, M adre es Inmaculada, Reina de todo lo creado, Corredentora, Medianera de todas las gracias y tipo perfecto de la Iglesia que se mira en Ella como en el ejemplar que “brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes” (1. 65). Es la Señora que, sin ser omnipotente por naturaleza, es la todopoderosa por la gracia de tener sobre el Omnipotente Dios, su Hijo, el poderío que arranca de su maternidad. María está en el cielo en cuerpo y alma para nunca más morir y para ejercer el oficio de Madre de los hombres.

 

Todos somos hijos de Madre tan excelsa por naturaleza del orden sobrenatural ya que de María nació Jesús que es nuestra vida y lo somos también por decreto de Dios, dado y firmado con su sangre en la Cruz misma.

El ser cristiano y no honrar a María de modo especialísimo es tan absurdo como mala es la Conducta del hijo que no entrega a su madre lo mejor, que desoye sus santos ejemplos y no quiere valerse de su ayuda.

 

La Iglesia se mira en María y por eso tu Parroquia, ahora que tiene en sus manos este mes de mayo en el que la naturaleza vive suavemente su vida y su amor, quiere que cada minuto de este tiempo, símbolo de lo bueno y de lo bello, lo consagres a la Virgen para lograr mayor unión con el Señor.

“El sacrosanto Sínodo Vaticano II enseña en particular y exhorta al mismo tiempo a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven generosamente el culto, sobre todo litúrgico, hacia la Bienaventurada Virgen, como también estimen mucho las prácticas y ejercicios de piedad hacia ella, recomendados en el curso de los siglos por el Magisterio… (1. 67).

 

Procura, pues, demostrar con tu asistencia a los cultos de la Parroquia y con tu fervor consciente y activo que el sentimiento de tu alma es el de la Iglesia, que busca la gloria de Dios haciéndose más semejante a María, su excelso modelo.

 

PRECES

 

(Despues de haber rezado el Rosario.)

 

ORACIÓN.—Santísima Virgen María, Madre de Dios y Reina de la Iglesia. Siempre te amamos,Pero especialmente en este devoto mes que consagra a Tu amor el mundo entero católico. Por eso, ahora más que nunca hacemos profesión de nuestra fe ante Tu Altar queriendo cantar tus glorias, a la vez que suplicamos tu favor.

Escúchanos, piadosa, y enséñanos a servir con mayor delicadeza a tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos ... Amén.

 

LECTURA BIBLICA

D-Escuchad lo que dice el Señor...

 

 

DEPRECACIONES

 

D.—Virgen María, Madre de Dios y Reina de la Iglesia

T.—Haz que tu Hijo viva en mí.

D.—Dios te salve María, llena eres...

T—Santa María...

D.—Virgen María, Inmaculada Corredentora y Dispensadora de las gracias divinas.

T—Haz que tu Hijo viva en mí.

D—Virgen María, coronada de gloria en cuerpo y alma y Reina de cuanto existe.

T.—Haz que tu Hijo viva en mí.

D.—Virgen María, templo vivo de la Augusta Trinidad y camino de luz que lleva a Dios.

T.—Haz que tu Hijo viva en mí.

D.—Dios te salve...

T.—Santa María, Madre...

 

D.—Señora y Madre nuestra, antes de terminar este día queremos ofrecerte todo nuestro ser para que siempre, pero especialmente en este mes, sea un florido homenaje a tu purísimo corazón. Aceptadlo, Señora, y dadnos tu bendición para que cada día seamos más generosos en el sacrificio y aumente así más y más el amor que te queremos profesar

T.—Amén.

 

(Se termina con un cántico.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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