Novena a la Virgen

 

NOVENA

a la Santísima Virgen de la Esperanza


Valdemorillo, Abril de 1945
(Con censura Eclesiástica)

 

 

ORACION PREPARATORIA

 

Santísima Virgen de la Esperanza, nuestra reina, madre, Patrona y abogada. Como a reina te ofrecemos el tributo de nuestro homenaje; como a madre te dedicamos los más tiernos cariños de nuestro corazón; como a Patrona y abogada de nuestro pueblo, postrados reverentes a tus virginales plantas, venimos a pedirte que veles por nosotros y por todos los hijos de Valdemorillo, especialmente por aquellos a quienes los azares de la vida separaron de nuestro lado, aunque su espíritu vive unido al nuestro en tu corazón de madre.

Reina en nuestras inteligencias por las ilustraciones de la gracia. reina en nuestros corazones haciendo que nuestro afecto de hijos no se aparte de Ti; protégenos, consuela nuestras tristezas, remedia nuestras necesidades espirituales y temporales, escúchanos, bendícenos, sálvanos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


DIA 1º

 

FE DE MARIA
Roca firmísima de la verdad: porque diste crédito a las palabras del Arcángel en contra de lo que veían tus ojos, a aquel niño débil, pobre y desgraciado que nació de tus purísimas entrañas y vivió en el mundo despreciado de los más, perseguido por sus enemigos y muerto en la mayor de todas las ignominias, le confesaste por tu Dios y creador.

Confirma nuestra fe, para que, constantemente, y con toda sinceridad y alegría, repitamos desde lo más íntimo de nuestra alma: “Creo en Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, y en su gloriosa Madre la Virgen María; creo en su protección, en su poder, en su misericordia, en su amor y en su felicidad, que es mi amor y prenda de mi verdadera felicidad temporal y eterna.

 

Pídase la gracia que se desee alcanzar.

 

Tres Avemarías.

 

ORACION FINAL

Dulce es nombraros, María, y no hay placer en el mundo que pueda compararse al de probar vuestras ternezas. Si la amistad nos vende venís a recrearnos con fidelidad que nunca falta. Si la virtud amengua, fuente sois vos que la acrecentáis con vuestras caudalosas aguas. Si desfallece la robustez del cuerpo, venís a sostener nos con vuestra maternal piedad. Si dormimos veláis nuestros sueños, sobradas veces agitados por la crueldad de insomnios que afligen el espíritu. Si lloramos, nos acompañáis en el dolor. Alegres participáis de nuestras alegrías. Pobres y abandonados, nos recibís y acogéis como a hijos vuestros, como a hijos de vuestro corazón. Qué haré yo por vos, Señora mía? ¿Cómo podré pagaros tantas pruebas de afecto? Cómo corresponderé dignamente a vuestro cariño maternal? Si el corazón os place, aquí le tenéis, rendido y ansioso de llegarse a Vos.

 

Si os gusta una expresión de amor, ved aquí la flor espiritual de este día, que os ofrezco como nacida en el vergel que rociáis Vos misma con la gracia que me alcanzáis de vuestro Hijo Santo.

Si queréis el alma, si queréis la vida, tomadla toda entera, que descansará tranquila en vuestro regazo amable.

iOh María! No me abandonéis jamás en esta travesía ingrata de la vida, donde nos cercan tan graves peligros; no me dejéis valido de mis débiles fuerzas, puesto que sin Vos perecería sin remedio y mis caídas no me fuera posible el levantarme.

iOh María! Rogad por mí, rogad por todos lo; cristianos ahora y en el trance terrible de la muerte. Amén

 

 

DIA 2.

ESPERANZA DE MARIA

Madre de la Santa Esperanza: Llevando a Dios en los brazos huiste a Egipto para salvar la vida del Omnipotente hecho Hombre débil en tus entrañas; muerto en tus brazos, acariciáis al autor de la vida; sola en el mundo quedas cuando la fría losa del sepulcro aparta de tu vista los despojos mortales de tu Hijo Jesús ¿Quién te consolará en tanta amargura? Nadie Ego Mater pulchrae dilectionis et sanctae spei. Tú eres la Madre de la Esperanza, y esta esperanza te asegura que e! dolor redime. que la sangre purifica, que la Omnipotencia no muere. Tu Hijo resucitará triunfante y glorioso.

Espero en Dios confío en su providencia. Espero en tu protección valiosísima, Señora y Madre mía; guíame por los caminos de la vida, no me dejes caer en el pecado, asísteme en el trance de la muerte hasta presentarme a tu Hijo Jesucristo.

 

DIA 3.

CARIDAD DE MARIA
Rosa encendida de caridad: Por el amor de Dios, que transformó toda tu vida en un verdadero éxtasis de caridad, haciéndote vivir más en el cielo que en la tierra, alcanzadme ¡oh Madre mía!, de la Santísima Trinidad, un amor acendrado y puro a las tres divinas Personas; amo al Eterno Padre que me crió, amo a Jesucristo, su Unigénito Hijo. que me redimió; amo al Espíritu Santo, Amor eterno del Hijo y del Padre que con el soplo soberano de su gracia me santificó. Quiero ser el templo vivo de la Santísima Trinidad, para que en mí viva y reine como en su trono de honor para siempre el único Dios tres veces santo, tres veces inmortal, tres veces fuerte.

 

DIA 4


HUMILDAD DE MARIA

 Dios rechaza a los soberbios y da su gracia a los humildes. .E1 que se humilla será ensalzado dice la Sabiduría. La Santísima Virgen, que practicó la humildad en grado sumo, fué saludada por el Arcángel la llena de gracia. María que gustosa aceptó las humillaciones más dolorosas mereció ser exaltada a la cumbre de las dignidades. ”Porque se fijo en la humildad de su esclava”, pudo decir de sí misma !a Virgen, hizo en mí cosas grandes el Todopoderoso, y en el correr de los tiempos todas las generaciones me alabarán.

Permitid. excelsa Patrona y Abogada nuestra que humildemente postrados a vuestras virginales plantas os roguemos aceptéis el obsequio de nuestro pobre corazón, para que le hagáis semejante al de vuestro Hijo Jesucristo, manso y humilde, a fin de que, siguiéndoos en el camino de la humildad, lleguemos, unidos a Vos, a la exaltación eterna de la gloria.

 

DIA 5.

 

OBEDIENCIA DE MARIA

Todos los tesoros de la gracia y de la gloria nada son sin la caridad. Todas las flores de las virtudes se marchitan si la caridad no les presta su savia. La unión de los corazones que establece la caridad se funda en la subordinación y acuerdo de la voluntad humana con la divina, que radica en la obediencia.

Tan perfectamente sometida en todo, estuvo a la voluntad de Dios la de María, que bien pudo repetir el eco de aquellas palabras de su divino Hijo: Quae placita sunt ei facio semper. Cumplo en todo lo que es del agrado de Dios. En cualquier momento observo los mandatos divinos con tal perfección que no hubo en su alma ni aun sombra de pecado venial. Haced, ¡oh Madre mía!, que mi rebelde corazón de tal forma se someta al suave yugo de los mandamientos que pueda exclamar con toda verdad, en unión de San Ignacio: “Tomad, Señor, y recibid todo mi corazón, mi voluntad..., todo mi ser desde ahora para siempre.”

DIA 6."

 

POBREZA DE MARIA

 Al contemplaros. María reina de cielos y tierra, dueña y señora del mundo y de todas sus riquezas, al lado del Rey de los reyes recién nacido, en un establo por palacio, un pesebre por cuna del Rey y el duro suelo por único lecho de la Reina Madre, parece que resuenan en mis oídos aquellas palabras del Rey Sabio: Vanitas vanitatum Vanidad de vanidades la ostentación del lujo y las exigencias de !a moda, vanidad el trato con los que el mundo tiene por grandes; vanidad los regalos del cuerpo en la comida y vestido, vanidad el afán de sobresalir entre los demás hermanos; y como única verdad de la Sean ellas el distintivo de vida y mi garantía en la hora de la muerte.

 

DIA 7."

 

PACIENCIA DE MARIA

Tu humildad, Señora, ocultó a los ojos de los hombres todos los dones sobrenaturales de que os adornó el Eterno. Alejada estuviste de tu Hijo en todos los momentos en que se manifestó al mundo su gloria; pero la hora del dolor, junto a la cruz redentora..., allí estuvisteis Vos dándonos ejemplo de resignada fortaleza, de inquebrantable paciencia. Grandes fueron vuestros trabajos, acerbísimos vuestros dolores, cruel y refinado vuestro martirio, aguda y penetrante la espada que abrió el costado del buen Jesús y traspasó vuestra alma.

 

Enseñadme, ¡oh María!, a sufrir con Jesús a vuestro lado las incomodidades de mi triste vida, alcanzándome la gracia de, una paciencia inagotable con la firme esperanza de los bienes eternos.

 

DIA 8.

 

PUREZA DE MARIA

Toda hermosa eres, ¡oh María !, y no hay en ti mancha alguna de pecado. Tú eres la gloria de nuestra patria, tú la alegría y el honor de nuestro pueblo.

Mirándoos a Vos tan pura y bella y nuestra alma tan miserable y afeada por nuestros muchos pecados, sentimos que la vergüenza ruboriza nuestras mejillas y apenas si nos atrevemos a llamarte madre; pero sabemos, por otro lado, que el lodo de nuestras pasiones y las manchas de nuestros pecados no empañan la hermosura de tu pureza por mucho que nos acerquemos a Ti; antes al contrario, tu belleza nos encanta, y atrae; tu santidad nos purifica; tus méritos nos redimen. Dejadnos, ¡oh reina de la pureza!, que nos lleguemos a besar vuestras virginales plantas y que nuestro corazón se confunda con vida, el lema de San Juan de la Cruz: Pati et contemni pro Te. Padecer y ser despreciado por el amor de mi Madre Inmaculada el vuestro, imitándoos en la castidad a costa de todo sacrificio.

 

DIA 9."

 

ORACION DE MARIA

La vida de la Santísima Virgen transcurrió en constante y piadosa oración. Sus pensamientos fueron todos para Dios. En Jesús tenía todos los tesoros de su corazón, porque era su hijo; pero más principalmente porque era su Dios. Es María la escala de Jacob por cuyo medio suben al cielo nuestras peticiones, y del cielo descienden gracia y favores a nuestras al- mas. Es el incensario puesto entre el cielo y la tierra, siempre humeante con el perfume de sus oraciones, quemando el aroma de sus virtudes en perpetuo holocausto por los pecados de la humanidad. Es la omnipotencia suplicante cuyos ruegos son siempre atendidos.

 

Gózome, piadosísima María, de que seas tan poderosa, de que seas tan pura, tan bella, tan llena de virtudes y gracia y de que seas con todo mi dulce Madre, porque no podréis consentir que en lo sucesivo, siendo yo vuestro hijo, siga siendo tan distinto de Vos.

 

A vuestra omnipotencia de súplica me encomiendo, Santísima Virgen de la Esperanza; ayuda mi incredulidad, confirma mi esperanza, aviva la llama de la caridad, planta y cultiva en el jardín de mi alma flores de tus virtudes; enséñame a ser puro y casto en pensamientos, palabras y obras; a despreciar los bienes terrenos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

www.archimadrid.es/valdemorillo